Una sociedad individualista y decadente.
Una explotación infinita de recursos finitos.
Un opresor cada vez más poderoso y soberbio.
Un oprimido, aunque numeroso, cada vez más vulnerable e influenciable.

Y a su vez.

Mentes que siguen buscando la mejora colectiva.
Personas preocupadas por el bienestar del planeta.
Lágrimas de alegría al conocer la locura de tus cercanos desconocidos.
Amor, mucho amor que rebosa, es libre y no caduca.

Estos son nuestros monstruos.
 

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